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UNA GEOMETRÍA INEXACTA

Eduardo Serrano

 

 

Jaime Franco vuelca sobre los lienzos impulsos intuitivos en busca de expresión y de conocimientos. En sus pinturas no se trata de abstracciones ni metáforas acerca de la realidad, sino del registro de un ejercicio pictórico, es decir, del testimonio de las reflexiones y sensaciones que va produciendo la obra misma a medida que va tomando cuerpo. Son trabajos que se concentran en la problemática tradicional de la pintura acerca del pigmento, la escala, la superficie y el color; cuya principal intención es producir objetos independientes que pueden comunicar nociones, dudas y proósitos. Son trabajos, además, que a pesar de su énfasis en la manualidad, permiten vislumbrar un trasfondo geométrico. Pero también son obras ricas en sensaciones y cadencias, de un colorido sugerente y particular, y de una sorprendente tersura que contradice las indicaciones cromáticas de la superficie que a primera vista parece irregular.

 

 

La obra de Jaime Franco es de una gran honestidad como compendio de múltiples interrogantes sobre el arte, y también de un gran refinamiento como intento consciente de volcar sobre los lienzos impulsos intuitivos en busca de expresión y de conocimientos. La apreciación de sus últimos trabajos, presentados en la galería El Museo, constituye una experiencia enriquecedora y placentera que pone de presente una armónica dicotomía entre raciocinio y sentimiento, entre estructura y emoción.

Sus pinturas no son abstracciones ni metáforas de nada, buscándose más bien un pronunciamiento constructivo apoyado en la reflexión y en las sensaciones que va produciendo la obra misma a medida que va tomando cuerpo. Son trabajos que se concentran en la problemática tradicional de la pintura acerca del pigmento, la escala, la superficie y el color, con cuya manipulación se crean imágenes que no tienen equivalente en el mundo real, sino que existen como objetos independientes y que por lo tanto proclaman la autonomía de la pintura para transmitir por sí misma nociones, dudas y propósitos.

 

La forma, que en un principio tuvo alguna importancia en sus producciones, ha quedado reducida a líneas relativamente rectas que conforman pronunciamientos de ascendencia geométrica. Pero la geometría de su pintura no es precisa ni axiomática. Por el contrario. aunque parezca una contradicción, es una geometría expresionista, trazada a mano alzada, y que combina el principio clásico, racional y objetivo, con el principio romántico, subjetivo y sensible, produciendo afirmaciones sincréticas que apelan por igual a los sentidos y a la imaginación. Las líneas constituyen a su vez una especie de caligrafía que trae a la memoria el arte oriental con el que también puede asimilarse su trabajo por la sutileza con que elude enunciados y definiciones contundentes.

 

La pintura de Franco es simultáneamente espontánea y cuidadosa, resultado de muchas capas de óleo que se aplican en secuencia hasta constituir el entramado, la estructura, que finalmente se transformará también en la sustancia de las obras. Como consecuencia de la superposición del óleo aplicado con pincel y con espátula, de los residuos de capas anteriores que asoman en determinadas áreas, y de las rayas producidas por una punta aguda con las cuales se descubren colores aplicados previamente, los lienzos adquieren una textura accidentada, rica en sensaciones y cadencias, pero sólo a nivel visual puesto que las superficies son realmente de una sorprendente tersura, de una homogeneidad táctil que revela un gran dominio del medio pictórico. El color tiene ciaras relaciones con el mundo natural, es sobrio y delicado, y aunque en algunos casos existen matices contrastantes, en la mayoría de sus trabajos hay una tonalidad predominante que se enriquece por medio de transparencias y modulaciones, de saturación y luminosidad.

 

Hay logros estéticos que no pueden ser falseados porque implican intuición penetrante y reflexiones convincentes, y esos son precisamente los que patentizan las obras de Jaime Franco. El pintor es un esteta en cuerpo y alma; su trabajo es atractivo e intrigante de principio a fin y reitera por su variedad y sutileza el potencial creativo y expresivo que todavía puede encontrase en la pintura.

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