YOSHII GALLERY

Ana Sokoloff - ArtNexus

1991

Nueva York

 

 

 

La exhibición de Jaime Franco en la Galería Yoshii de Nueva York tenía el encanto de compaginar el espacio con la obra expuesta. Tan pronto como el espectador entraba al pequeño espacio blanco, neutro de la galería, se veía confrontado con tres piezas de gran formato, que en tonos grises se acoplaban a las paredes acrecentando la neutralidad espacial.

 

Esta experiencia estética de limpieza y calma donde la obra -por su formalismo minimalista y abstracto- no grita su significado, sino por el contrario sutilmente atrae al espectador, es algo que raramente se aprecia hoy en las galerías de la ciudad. Es más, puede fácilmente descartarse o simplemente clasificarse como pasada de moda e incluso “inofensiva”.

 

La muestra puede caer en el peligroso terreno del modernismo que surgió de la escuela de Nueva York. Las superficies aluden directamente a la retórica de la línea como cuadrícula: la monocromía; la forma y la expresividad. Sin embargo, existe un juego de tal envergadura en el grosor, color y expresión que el formalismo puro se diluye en el sensualismo visual donde el producto final es la suma de tonos y capas.

 

Cada trazo marca la distancia entre el formalismo apropiado por el artista y la legitimación de la cultura latina. A través de cada capa Franco logra estudiar y criticar lo ya creado para llegar a un lenguaje propio. Cada gesto rompe con la teoría y lucha por sobreponer un sensualismo que choca con el pragmatismo norteamericano.

 

Es una pelea post-modernista: el idealismo hacia el modernismo es apropiado conscientemente para reafirmar los valores de generaciones anteriores. Al mismo tiempo se revalúan los principios y surge con más fuerza un lenguaje que sin negar lo anterior aboga por crear un discurso actual.

 

A mi juicio su obra es de gran validez, no busca simplemente exponer ejemplos teóricos sino por el contrario, logra darle a su trabajo una identidad. Es un proceso artístico que no puede catalogarse como algo que ya pasó ni como falta de originalidad, sino dentro de lo que está sucediendo. Y sucede con sensualidad, sutileza -curiosa oposición al riguroso formalismo que en teoría se impone el artista se ve en los valores monocromáticos, en el manejo de los pigmentos, en la manera como cubre y descubre sobre la superficie y en un mismo plano los elementos constituyentes de la obra, en el romanticismo de Franco al utilizar únicamente materiales naturales. Se ve también en la refinada sensibilidad estética que no responde únicamente a valores formales. Responde también a un llamado interior. Aquel dentro del cual el artista confronta la técnica con su ideología, donde hace su propia historia.

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